|
EL OÍDO, CAPTOR DE CONTROL
Capítulo IV, libro L´oreille et la voix. Dr. Alfred Tomatis. Éditions Robert Laffont,
S.A. París, 1987.Traducido por
Eulalia Amat. mail - raul@cca.icnet.es
Ahora nos interesa abordar el estudio de las
regulaciones que rigen los sistemas neurofisiológicos establecidos para
establecer el acto vocal bajo la dirección del captor auditivo.
Pero antes de familiarizarnos con esas nociones de
control, es conveniente desarrollar algunos conceptos de cibernética. Nos
contentaremos con una terminología simple que permita únicamente poner de
relieve el sentido de lo que son los <bucles> de control. Ellos nos
aclararán, estoy seguro de ello, muchos de los mecanismos del canto que de
hecho se convierten rápidamente en automatismos. Nos bastará luego utilizarlos
con habilidad como si se tratara de conducir un automóvil o la ejecución de una
obra musical con un instrumento al cual estemos particularmente acostumbrados.
Cantar no es solamente saber explotar ese instrumento de lo más perfeccionado
que, naturalmente, es el cuerpo humano, sino además saber disponer de él en
función de elementos adquiridos automáticamente. Es, en resumen, poder expresar
a voluntad, gracias a una vigilancia permanente, todo aquello que se desea
sacar de él.
La cibernética es una ciencia de reciente aparición y
que sin embargo es tan antigua como el mundo ya que es la ciencia del control,
de llevar el timón, del guiado, del gobierno para retomar el término platónico.
Todo en este mundo es control desde el cosmos en su evolución sideral hasta las
células del cuerpo humano en sus mecanismos íntimos. ¡Solamente aparecen
algunas aberraciones en nuestros comportamientos que no siempre están
<cibernéticamente bien llevados>! Pero es posible que sea una ley de la
evolución que más rápidamente llegue a su objetivo cuanto más la escucha nos
invite a entrar en esa dinámica.
Pues quien dice control dice escucha y quien dice
escucha dice interpelación del hombre por realidades esenciales. De la misma
manera que un planeta obedece a las exigencias de su rotación orbital, al igual
que una galaxia responde a las leyes siderales que no pueden más que
maravillarnos pues en realidad se nos escapan, de la misma forma nuestras más
íntimas regulaciones obedecen a leyes que no podemos transgredir. Sabemos que,
en el momento de la emisión, esas leyes expresan las exigencias de la escucha.
Gracias a esos controles, el canto se convierte en un
acto fácil de realizar. De ese modo he tenido la oportunidad de precisar que
nada es menos complicado que cantar. La gracia, el tema o truco está en
abandonarse a él, dejar simplemente actuar a todos los procesos de regulación,
esos famosos bucles cibernéticos.
Llamamos <bucles> a los circuitos que tienen
una entrada y una salida dispuestos sobre una trayectoria de retorno de control
constituyendo un verdadero bucle. Así el acto de cantar está determinado por un
cierto número de circuitos que se trata de definir a fin de poder coordinarlos
luego y si es el caso liberarlos de sus imperfecciones adquiridas por el uso
inadecuado. Se trata de volverlos a llevar a su función original y primigenia,
automática, y dejarlos actuar según las necesidades, sin intervenir, sin
interferencia en su modo de funcionamiento. Las posibilidades de juego que nos
ofrecen son por otra parte considerables y variables hasta el infinito mientras
que las limitaciones y dificultades creadas por el mal uso lo hacen muy
rápidamente limitado y pueden provocar daños con posterioridad.
Pero volvamos a las nociones de cibernética que
habíamos mencionado un poco más arriba. Decimos que un sistema está reglado o
<regulado> cuando su funcionamiento está sometido a un control. Ese
control está sometido o supeditado a un órgano especialmente dedicado a esa
función. En general se le denomina captor. Así para cantar, el captor es el
oído y, en el caso presente, el sistema está bajo el gobierno del órgano de la
escucha. Por otra parte eso es fácil de comprender. Podemos representarlo por
un diagrama, en forma de un esquema muy simple, en el que se adivina que hay un
impulso, digamos una intencionalidad que, introducido en el cerebro, engendra
un acto cantado.
Esquema
del diagrama cibernético del acto cantado:
1
2 3

4
1. Intencionalidad 2. Cerebro 3. Acto cantado 4. Captor auditivo
Ese acto cantado produce sonidos, en el momento que
comienza la actividad sonora, el captor auditivo recoge una parte de los
sonidos producidos a fin de asegurar el control. Eso significa que envía al
cerebro informaciones que tienen como objetivo continuar con el acto cantado
según unos criterios que responden a la intencionalidad inicial que ha
determinado el gesto vocal.
Dicho de otro modo, el captor auditivo aquí
enjuiciado está ya provisto de una <previsión de intención> que le hace
percibir aquello que desearía recoger. Así permanentemente podrá adaptar el
conjunto de gestos que conducen al acto cantado en función de lo que desea
recoger.
El captor auditivo no es un elemento banal, pasivo.
Está dotado de potencialidades específicas. Sabe lo que debe hacer
correctamente. Existe ya, a su intención, un comando cerebral que suscita en él
una adaptación destinada a ponerle en condiciones de percibir lo que el cerebro
habrá previsto. Pero en contrapartida, el oído se prepara para arreglar el
gesto de emisión a fin de que éste sea conforme a lo que el cerebro habrá
deseado recibir.
Constatamos pues que hay de manera permanente, un
control pero un control ya programado. Intentemos analizar un poco mejor lo que
sucede en los diferentes planos de tal realización.
El oído es un captor. Sabe lo que va a oír. Lo sabe y
se pone en postura de escucha para recibir lo que debe captar. A nivel del
sistema nervioso central se recibe el mandato y es también a ese mismo nivel al
que referirá lo que habrá de esa manera captado y recibido.
Para llevar a cabo ese acto, ahora lo sabemos, el
oído no puede actuar solo. El propio sistema nervioso, según lo que le pida el
captor auditivo, le asocia todos los impulsos motrices aferente en dirección al
conjunto motor que va a participar. Del mismo modo, las percepciones
recogidas a nivel de cada lugar activado, se envían a un punto central a fin
de que sea igualmente posible determinar todo un control sensitivo-motor capaz
de adaptarse y de estar conforme a lo que el oído exige
El oído es pues el supremo regulador. Todo se
organizará alrededor de él para que el acto cantado pueda realizarse de la
mejor manera posible según lo deseado. ¿Con qué juego lo logrará?
El rol del oído es doble en su actividad. En efecto,
recordemos que el oído tiene dos polaridades. Por el vestíbulo, por un lado,
organiza el gesto necesario para el acto del canto, y éste se superpone en
cierto modo sobre el acto de escuchar establecido por la cóclea por otro lado.
Dicho de otro modo, habrá necesidad de establecer una postura de escucha a la
cual se superpondrá la del canto.
Antes de analizar más en detalle los elementos que
conducirán a esa postura, nos parece oportuno insertar nuestro tema en el marco
de la dinámica de la comunicación tal como se enfoca habitualmente. El canto
puede inscribirse perfectamente en tal sistema.
De modo que se puede imaginar toda comunicación como
una emisión de un locutor o emisor hacia un oyente o receptor:
locutor o emisor
----------------------------------à oyente o receptor
La respuesta, si el diálogo se instala, reenviará una
información en sentido inverso del oyente transformado en locutor o emisor
hacia el anteriormente emisor que ahora se convierte en receptor
Locutor o emisor ß--------------------------------- oyente receptor
Escuchante
hablante
Todo esquema de comunicación se inscribe en un
diagrama que revela un bucle que va de uno a otro de los dos que intervienen
locutor1
oyente 1
  
oyente
2 locutor 2
Sin embargo cuando uno de los dos protagonistas
decide intervenir, se instaura una dinámica de control que le permite
autocontrolarse; de modo que el locutor es el primer oyente de su propio
discurso. En efecto, cuando decide hablar, su cerebro activa la fonación a fin
de que el mensaje sea emitido. Al mismo tiempo, empieza a funcionar un control
que juega sobre muchos parámetros, regulando la intensidad, el timbre, la
articulación, el ataque de los sonidos, su soltado, la melodía de la frase y en
fin el desarrollo del discurso y su semántica. Es decir todo lo que hace el
lenguaje y luego el acto cantado.
Ese control se efectúa por un captor que no es otro
que el oído. Pero el oído tiene varios medios de asegurar esa función:
- Sea de boca a oído, el oído
externo se entiende, es decir el pabellón;
- Sea de boca a oído por una parte
y de la laringe al oído por otra.
Siempre es a nivel del oído interno donde se hace el
control definitivo.
En realidad pueden ser imaginados tres circuitos pues
de la laringe se pueden presentar dos posibilidades, una de calidad que es la
que se tenderá a buscar y que llamaremos vía ósea, la otra que deberá
ser evitada y que tomará una vía tendido-muscular de rendimiento deficiente.
EL BUCLE AUDIO-FONATORIO:
1)  1____4_______________2_ _ _ _
_ _ _ _ _ _ _ : 3
1. Cerebro 2. Emisión 3.
Oído 4. Cerebro Auditivo
2) 1_________________2_
_ _ _ _
  
3
1. Cerebro 2. Emisión
a nivel de la boca 3. Oído Externo
3) _______________1__2_3_
_ _ _ _ _
 
1. Vía ósea 2.
Vía tendido-muscular 3. Vía aérea
Conocer esos diferentes bucles nos da ya una idea no
solamente de los mecanismos de la fonación sino que además pone el acento en
los <canales funcionales> que hay que saber distinguir. Solamente se
desean utilizar el circuito óseo, interno, y el circuito bucal, externo. Pero
su utilización será totalmente diferenciada uno de otro como vamos a ver de
ahora en adelante pues tienen su propio rol. Digamos ya desde ahora que el
primer circuito (óseo) controla la fonación, y por tanto la voz, y el segundo
circuito (bucal) regula la articulación. El segundo depende naturalmente del
primero. Sin él no habría emisión aunque la articulación pudiera ser de
calidad.

Figura 28: Circuitos Audio-Vocales
1. Vía aérea
2. Vía ósea
3. Vía tendido-muscular
El circuito bucal no permite un buen control de la
fonación por el hecho de la propia estructura anatómica. En efecto, un sonido
emitido es siempre complejo es decir constituido por sonidos que comprenden las
frecuencias de base o fundamentales y un manojo de armónicos asociados. Soltado
en el espacio aéreo ese sonido tendrá una dispersión que no permite aprovechar
un control real. En efecto, los agudos se dispersan alejándose en línea recta y
cuanto más aguda o elevada sea la frecuencia más seguirá esa dirección. Se les
llama <directivos>, mientras que los medios se esparcen con una mayor
amplitud. Con respecto a los graves sabemos que se dispersan en forma esférica.
De este modo el oído queda inundado por las frecuencias graves contenidas en
los sonidos emitidos.

Figura 29: Propagación y reparto de
frecuencias
a) Visto desde
arriba b) Visto de perfil
1. Agudos
2. Medios 3. Graves
Pero ese hecho lo sabe todo el mundo aunque solo sea
por haberlo vivido con motivo de una grabación. ¿Verdad que siempre nos
sorprendemos cuando oímos nuestra propia voz, pues es diferente de como
esperábamos? Del mismo modo es sorprendente constatar con qué facilidad se
pueden emitir sonidos en una sala con reverberación, que ofrece la posibilidad
de un control de frecuencias altas del espectro junto con las medias y las
bajas o graves.
Ese primer ejemplo de control cibernético nos lleva
al canto mismo, pues el acto de cantar obedece según podemos ver a las leyes de
regulación. El oído es el director de orquesta pero él mismo está
autorregulado. Eso le permite pasar de <oír> a <escuchar>.
Los bucles o circuitos de control
Toda regulación exige, como hemos dicho, el
establecimiento de un bucle cibernético. En el campo de los mecanismos
fisiológicos, se requiere un órgano de gobierno, elementos de transmisión o
elementos que actúan y obedecen a los impulsos impuestos por el órgano central,
y además naturalmente un captor de control que garantice que la emisión se
ajusta a los deseos formulados por el órgano de gobierno. En este caso las
diferentes partes de esa estructura son: el cerebro, los nervios que emanan de
él en dirección a los diversos grupos musculares que van a participar, al
tiempo que los nervios que llevan las respuestas sensitivas de cada uno de esos
grupos y que aseguran a su nivel un cierto control propioceptivo. El conjunto
está coordinado por el captor auditivo que sabe recoger todos los datos
recogidos por los territorios sensitivos y organizarlos en función de la
información que recibe por conducción aérea y por conducción ósea.
Así pues el encéfalo, el sistema nervioso con sus
nervios periféricos motores y sensoriales, los músculos comprometidos en el
acto del canto y el oído estarán conectados a fin de que ese acto sea regulado
al más alto nivel de su perfectibilidad.
Hemos afirmado precedentemente que el oído también
obedece a las mismas leyes. Recordamos su estructura anatómica que permite
distinguir dos bloques, uno regulado por el VIIº par, el otro controlado por el
Vº par. De ese modo, el captor de esos diferentes circuitos, que está provisto
de sus propios mecanismos, todo nos lleva a considerar, en función de lo que
acabamos de decir, las regulaciones que afectan o se refieren a:
1º El Bucle Audio-Facial
En efecto, sinérgicamente los músculos de la cara son
requeridos a participar no solamente en la escucha (y valoraremos ese detalle
cuando describamos las postura de escucha), sino también a intervenir en el
momento del acto de cantar. En función de los registros y en función igualmente
de la intensidad, el juego facial se modifica. Así de manera concomitante toda
tensión del estribo se acompaña de una <gestualidad facial> y viceversa.
Cuando se introducen los registros elevados, la cara
muestra una mímica muy especial, como una verdadera mueca. Consiste en provocar
el cierre de la nariz gracias a los músculos elevadores comunes del labio y de
las alas de la nariz. Volveremos a ver ese juego de la musculatura facial en el
momento en que abordemos la parte dedicada a la técnica audio-vocal.
Las regulaciones quedan aseguradas por las fibras
nerviosas motrices del nervio facial o VIIº par craneal que, como se ha visto,
inerva el músculo del estribo, mientras que la parte sensitiva responde al
nervio trigémino, rama del Vº par.

Figura 30: Bucle Audio-Facial
1. Nervio facial (VII par)
2. Estribo
2º El bucle Audio-Mandibular
La mandíbula está gobernada por los músculos
masticadores para cerrar la boca y por el vientre anterior del músculo
digástrico para abrirla. Encontramos la misma participación de los dos
territorios nerviosos, el Vº y el VIIº par para la cara y para el oído medio,
ya que el músculo temporal y el músculo masetero responden al nervio maxilar
inferior, rama del Vº par y que el músculo digástrico, extensor en suma, sale
del VIIº par.
Como se ve, la regulación del oído conlleva en su
juego una organización dinámica de las mismas áreas neuronales. De hecho,
existe una dialéctica de buena ley que se instala entre los músculos flexores y
los músculos extensores.
De este modo a cada estructura adaptativa del sistema
auditivo se le asocian por un lado una estructura correspondiente en los
músculos del conjunto facial y por el otro una acomodación adecuada de las
tensiones de los músculos de la mandíbula en función de la articulación que el
oído deberá controlar,
Figura
31: Bucle Audio-Mandibular
Nervio maxilar inferior (Vº par)
2. Mandíbula
3. Conjunto yunque-martillo
3º El Bucle Audio-Laríngeo
En el plano anatómico la laringe está más alejada del
oído aunque igualmente instala sus regulaciones. Remarquemos de paso que cuando
queremos considerar la red neuronal como un todo que enlaza varios puntos para
asegurar una función, no es posible hablar de distancia.
El bucle oído-laringe es uno de los más importantes
ya que es de la laringe de donde parte el sonido a emitir. Todas las demás
regulaciones dependen del establecimiento de esa primera organización. Es por
eso por lo que lo introducimos desde ahora. Pero tendremos que volver a él
posteriormente en función del bucle neuronal que rige los dos recurrentes, los
nervios motores de la laringe.
Este órgano juega un rol preponderante en el acto de
cantar. Es el generador de sonido. Es él el que pone en resonancia al cuerpo
cantante. Vibra y, por ello, puede transmitir esa vibración inicial a todo el
cuerpo por entero que se pone a resonar al unísono añadiéndole además sus
propias frecuencias, las que responden específicamente, en particular, a la
estructura ósea. En efecto, es el esqueleto el que canta y que canta en su
totalidad.
La laringe está ahí para imprimir el sonido de base.
Provee los sonidos fundamentales, los <formantes> usando un término más
exacto, que hemos ya comentado en un capítulo precedente. El cuerpo añade el
resto y en particular el timbre que determina la calidad de la voz. El artista
sabrá añadirle muchas otras características complementarias como el color, las
inflexiones, las diferentes modulaciones que harán de él un virtuoso de su
instrumento corporal. No basta con hacer la nota para saber cantar, del mismo
modo que aporrear el piano no basta para ser reconocido como interprete. Aunque
sin cuerdas, un piano no puede ponerse en resonancia. Sería un instrumento
silencioso. Del mismo modo un cuerpo humano, cuerpo vibrante como ninguno,
estaría sometido a tener dificultades sin laringe aunque se pudiera utilizar
una vía por el esófago a modo de alternativa. En los casos extremos, comos los
de laringe extirpada, será imposible recuperar las características idénticas a
las que se daban con la actividad de la laringe.
La laringe es un conjunto músculo-cartilaginoso
situado por encima de la tráquea. Encontramos allí cuatro cuerdas vocales. En
el canto solo están implicadas las cuerdas inferiores. Con respecto a las
cuerdas superiores, comúnmente se les denomina bandas ventriculares. Nos
quedaremos tan solo con lo que nos será útil aquí en el plano de la estructura
funcional.
Figura 32: Laringe
1. Bandas ventriculares
2. Cuerdas vocales inferiores
3. Tráquea
4. Salida de aire, impulsado
Como una especie de cáliz que se amplía como un
tulipán cuyos pétalos se abren, en la fonación la laringe hace que sus dos
cuerdas vocales inferiores se junten. Se ponen a vibrar a lo largo de la
emisión, vibración mantenida por el aire que pasa con una contención. El
volumen de aire que interviene es mínimo, tan mínimo que podemos pensar en una
vibración casi espontánea, autónoma, bajo un control esencialmente cortical de
las alturas tonales. El cerebro tiene, naturalmente, que intervenir regulando
la tensión necesaria para que ese flujo o caudal de débil presión permita una
vibración adecuada correspondiendo a la altura tonal deseada.
Sabemos hasta qué punto, las tensiones, la oposición
entre escuelas ha cortado el aliento a todos aquellos que debían ocuparse de la
fonación. Por fundamentales que sean las consecuencias teóricas que tienden a
dilucidar los mecanismos de la laringe y de lo cual comprendemos la
importancia, nada va a cambiar con respecto al juego de la emisión vocal. No
vamos a avanzar más en el canto por saber si las cuerdas vocales vibran por si
mismas o si, por el contrario, es la adaptación laringe-pulmón el que lo
genera. No nos alargaremos en la dialéctica que opone a los partidarios de uno
u otro enfoque. Nos permitiremos sin embargo dar nuestra opinión con respecto a
ese mecanismo. Para nosotros, no puede ser más que la conjugación del paso
sutil de la expiración y una tensión de laringe previamente dirigida por el
cerebro. Volveremos a hablar de ello a lo largo de los capítulos que seguirán,
en particular a lo largo del que trata del fenómeno respiratorio.
En el plano de las regulaciones, el sonido producido
por la laringe está inmediatamente controlado por el oído. Dos circuitos se
ponen a contribución uno aéreo y el otro óseo, los dos se juntan, se reúnen, a
nivel del oído interno que va a absorber las dos informaciones, una consagrada
a la articulación mientras que la otra se preocupa esencialmente de la
fonación.
Esta fuera de duda que el bucle oído - laringe, es de
mucho la más esencial en lo que nos interesa, permite regular las
contra-reacciones audio-vocales. El esquema que presentamos a continuación
responde a lo que se observa cuando se pone en acción ese circuito
audio-fonatorio. La laringe, naturalmente, es implícitamente el órgano
principal del sistema de emisión sonora.
Figura
33:
Bucle Oído-Laringe
Notamos a nivel de la entrada del sistema cibernético
un acto cortical determinado por la decisión deliberada de ponerse a cantar. De
allí parte un pulso sostenido en dirección a los órganos de la fonación, la
laringe en particular, aunque el sistema indicado en el esquema emitirá
obligatoriamente a la salida una información sonora. Aunque una parte de la
energía acústica desprendida estará consagrada al captor, el oído en este caso,
cuyo objetivo es informar a los centros auditivos cerebrales que actuarán sobre
el centro de la fonación. De ahí el retorno se hace sobre el recorrido de la
producción del acto cantado.
Recordaremos que este bucle que hicimos evidente en
1946-1947 nos permitía hacer cibernética sin saberlo. En efecto, la eclosión de
esa ciencia abordada en América por Wiener comenzó en 1949. Pero desde nuestra
primera constatación, la cual presentamos en diversas ocasiones, forman parte y
punto de partida de nuestras investigaciones.
Cuando nosotros hablamos de captor, naturalmente
siempre nos referimos, sin excepción, al oído derecho.
4º El bucle audio-faringeo
La faringe situada por encima de la laringe como un
amplio embudo y conectada con las fosas nasales en la parte alta y anterior. Su
actividad fonatoria está íntimamente acoplada con la de la laringe y su juego
es esencialmente de adaptación. Debe acomodarse a los mecanismos laringeos de
los cuales sigue permanentemente las modificaciones de estructura con la
intención de acomodarse a ellas. Ser trata de una clara adaptación, en los
términos precisos que exige la acústica, en una adaptación de impedancia que
hace que todo sonido generado a nivel de la laringe pueda ser mantenido gracias
al conjunto de procesos adaptativos que hacen más fácil el fenómeno provocado.
Se trata de una acomodación automática que habrá que saber dejar que actúe.
El objetivo a conseguir por lo que se refiere a la
faringe, al igual que para la laringe, es evitar el cierre o agarrotamiento que
puede aparecer por efecto de los músculos constrictores. La regulación, bajo el
control del captor auditivo, consistirá pues en mantener la cavidad faríngea en
su mayor amplitud. Los músculos dilatadores se pondrán a colaborar así como la
lengua que por si misma se colocará lo más anterior posible a fin de no
disminuir el volumen de la cavidad.
Las regulaciones se hacen por el oído que ahí
también, gracias a su fascículo ascendente o vestíbulo-mesencefálico se lanza
en el fascículo longitudinal posterior y se reúne, entre otros, con el nervio
faringeo o IXº par craneal. De hecho se instaura una regulación que juega a la
vez con el IXº par para la faringe, el Xº par para la laringe y el XIIº par
para la lengua.

Figura 34: Bucle Audio-Faringeo y Audio-Lingual
1. Laringe
2. Nervio neumogástrico (Xº par)
3. Nervios recurrentes
4. Faringe
5. Nervio gloso-faringeo (IXº par)
6. Lengua
7. Nervio gran
hipogloso (XIIº par)
Naturalmente los mecanismos íntimos se ponen a
funcionar sinergicamente, los nervios no son más que conductores que salen de
una misma central, el cortex, cuya volición actúa sobre un instrumento, el
cuerpo humano, del cual nos importa conservar la unidad.
5º El bucle audio-lingual
En el acto de cantar, la lengua obedece de dos
maneras a las demandas del captor. Primeramente, como acabamos de ver, debe
situarse de tal manera que no moleste en nada la apertura más favorable de la
faringe, de la cual ella constituye la pared anterior. Además juega un rol
primordial en el campo de la articulación.
Veremos mas adelante la importancia de desarrollar
las sensaciones propioceptivas que la afectan a fin de poder seguir sus
actividades y exigirle algunas posturas que son de capital importancia en el
canto.
El bucle aquí está constituido por el circuito: oído
- cerebro, XIIº par.
La lengua es un conjunto constituido por 17 músculos.
Destinado de inicio a los procesos de deglución, se aventura en la fonación
bajo el impulso de las regulaciones que estamos enumerando.
Es sorprendente ver el pequeño número de personas que
son capaces de imponerle ciertos movimientos propios del acto del canto. Muchos
defectos que encontramos en la ejecución de ese acto son debidos a esa ausencia
de habilidad y gobierno. Es cierto que ahí encontramos mucho más que una falta
de control. En efecto, muchos de nosotros solamente tenemos una conciencia muy
pequeña de la lengua y de sus movimientos.
La inducción del captor auditivo es sin embargo muy
fuerte. Cuando se suscita electrónicamente una audición de calidad y además una
escucha atenta, se ve inmediatamente la lengua tomar su <posición,
colocación> más favorable para la emisión. Volveremos ampliamente sobre ese
tema. Por el momento vamos a recordar la gran importancia que tiene el rol de
la lengua y que el dominio de sus movimientos es difícil de adquirir.
6º El bucle audio-torácico.
Bajo el término <aparato respiratorio>
deberemos revisar todo lo que entra en juego en la función respiratoria. De
todos modos, aunque son elementos activos en ese conjunto, las fosas nasales y
la laringe se han excluido de este apartado pues ya han sido estudiados
anteriormente. No consideraremos pues el aparato respiratorio más que en el
plano torácico y en su función fonatoria, es decir en su actividad de
ventilación en la expiración. El capítulo consagrado a la respiración en la
tercera parte de esta obra nos enseñará que todo el tórax participa de un modo
de funcionamiento específico del canto.
En la caja torácica están incluidos los pulmones que
juegan un papel importante en el campo de la voz cantada. Constituyen el motor
destinado a difundir el aire de una cierta manera. Su funcionamiento está
íntimamente ligado al del tórax. Ese contenedor extensible está limitado por la
parte inferior por el diafragma, potente pantalla muscular que divide en dos el
tronco en su interior, separando por ello el tórax, que está arriba, del
abdomen que está debajo.
La caja torácica está limitada por los lados por la
parrilla costal, ésta se insiere por delante sobre el esternón, excepto en las
últimas costillas. Se articula por atrás con las vértebras dorsales. Por otro
lado, las dos clavículas se sitúan por encima y hacia delante del tórax,
mientras que por atrás los omoplatos se sitúan en la parte superior derecha e
izquierda.
Todo
ese conjunto comprende un cierto número de músculos gracias a los cuales es posible
la ampliación de ese enorme contenedor, mientras otros músculos aseguran el
vaciado. Eso nos llevará a estudiar los bucles de regulación en dirección a los
músculos de la caja torácica: los pectorales, los grandes dorsales, los
intercostales… sin omitir los circuitos referidos al diafragma.
Siempre a partir del córtex y bajo la constante
férula cocleo-vestibular, es decir la del oído interno, se instauran un
conjunto de bucles por intermediación del fascículo vestíbulo -mesencefálico y
de la banda longitudinal posterior.
Esas regulaciones se dirigen a los músculos de la
parte cervical, igualmente a los de la parte dorsal alta y además al diafragma.
El plexo branquial interviene para los músculos pectorales por medio de los
nervios intercostales mientras que el nervio frénico se proyecta en dirección
al diafragma.
Figura 35: Bucle Audio-Torácico
1. Músculo Esternocleidomastoideo, 2.Nervio espinal 3. Gran
pectoral 4.Pequeño pectoral 5.Plexo branquial 6.Músculos intercostales
7.Nervio intercostal 8.Diafragma 9.Nervio frénico
Ahí, más que en otras partes, la cooperación con la
laringe se impone. El control del soplo respiratorio depende del paso del aire
a nivel de la laringe que debe entrar en vibración sin que fuerza de empuje sea
demasiado importante. La dosificación de ese paso es particularmente delicada,
y de él depende la comodidad de laringe.
7º El bucle audio-bucal y audio-nasal
Intencionalmente no hablaremos de la boca y las fosas
nasales. En efecto sus roles no despreciables en el campo de la articulación,
por la boca en especial, y en el de la fonación por las fosas nasales, están
bajo dependencia de la lengua y de los músculos masticadores y faciales. Los
músculos de los labios en lo que respecta a la boca y las alas de la nariz por
las fosas nasales forman parte de los territorios musculares dependientes de
los bucles que responden al Vº, VIIº y XIIº par craneal.
8º El bucle audio-recurrente
El
nervio vago o Xº< par con el cual ahora estamos familiarizados rige por si
solo multitud de bucles. Los que nos interesan especialmente son los que
corresponden a la regulación laringea, los más importantes para el canto, por
vía de los nervios recurrentes derecho e izquierdo asimétricos en el trayecto
de retorno hacia la laringe. Hemos visto anteriormente como el bucle
oído-laringe esa capital. También la aproximación de los recurrentes nos
permite comprender mejor los mecanismos comprometidos
Como
se puede constatar en el esquema de la figura 36, el derecho es más corto que
su correspondiente opuesto. Esa diferencia está relacionada a referencias
anatómicas respectivas. De modo que después de dejar el neumogástrico, el
recurrente derecho hace un asa bajo la arteria subclávica, mientras que el
recurrente izquierdo abraza la aorta misma en un asa situada más abajo.
Figura 36: Los Dos Recurrentes
1. Laringe
2.Tráquea
3. Bronquios
4. Aorta
5. Arteria carótida primitiva derecha
6. Arteria subclavica derecha
7. Arteria carótida prim. Izquierda
8. Arteria subclavica izquierda
9.Nervio neumogátrico (Xº par) dch
10. Recurrente derecho
11. Asa subclavica
12.Nervio neumogastico izquierdo
13.Recurrente izquierdo 14.Asa sub-aortica
Las regulaciones neuromotoras que se derivan de esa
organización pueden explicar ciertos fenómenos tales como las repeticiones
sistemáticas del balbuceo infantil, el origen del tartamudeo y también lo que
nosotros llamamos la voz diestra o voz zurda, según que la persona hable de un
lado más que del otro. La diestralidad que crea de hecho toda la dinámica
funcional del lenguaje y del canto puede muy bien adaptarse a semejantes
hipótesis. Los procesos que presiden la lateralidad son, por ello, más
accesibles en el plano de las investigaciones. A partir de esa anomalía, de esa
asimetría, los dos hemisferios cerebrales están impelidos a funcionar de manera
no sincrónica. Por ello toda la organización evolutiva que vemos establecerse
en los mecanismos regidos por el lenguaje hace eclosionar estructuras verbales
y gestuales asimétricas.
Por
ahora y con respecto a los recurrentes, nervios motores de la laringe, no vamos
a retener más que es absolutamente necesario conocerlos si se quiere estar
preparado para hablar de la función de la laringe. El resto supera el marco de
nuestro tema; pero me parecía útil abrir una brecha en el campo de los estudios
como lo es sobre el caso de esos dos nervios asimétricos que no deja de
alimentarlos.
Según nuestro punto de vista, el recurrente derecho
es el elemento esencial del bucle audio-vocal. Es él quien, a partir del
cerebro asegura todos los comandos que afectan al canto de calidad. Actúa bajo
el control del captor auditivo derecho. Ahora ya estamos acostumbrados a
utilizar ese tipo de lenguaje sobre el tema de la contra-reacción propia del
oído.
9º El bucle Audio-lumbo-sacral
El vestíbulo es el que específicamente toma el rol de
control de las actitudes corporales, posturales pues. Ya le hemos visto
intervenir sobre muchos planos. Aquí el acento se pone sobre el bucle
audio-lumbo-sacro. Para cantar bien hay que conseguir que la parte baja de la
columna, la pelvis, esté bien situada, que esté hacia delante, de ese modo la
curvatura lumbar disminuye por efecto de la orden de los nervios raquídeos
lumbares y sacros.
Figura 37: Bucle Audio-Lumbo-Sacral :
1 Nervios lumbares
2 Lumbares
3 Nervios sacros
4 Sacro
10º El Bucle audio-cervical
A
partir del momento en que se siente una acción a nivel de sacro, se nota una
respuesta que afecta a la nuca. Hay como una correspondencia que comienza a
actuar, la hendidura cervical disminuye en la misma medida que se desdibuja la
lumbar y viceversa.
Siempre, naturalmente, esas contra reacciones se
efectúan bajo el control cocleo-vestibular.
Figura 38:
Bucle
Audio Cervical
1. Nervios Cervicales
2.
Nuca
11º Los bucles Audio-Corporales
A decir verdad es todo el cuerpo el que convendría
reconsiderar frente al acto del canto ya que está implicado en su totalidad,
como ya hemos repetido en múltiples ocasiones. En efecto, nada en el cuerpo
queda en reposo cuando se trata de entrar en la dinámica que exige una emisión
de calidad. El cuerpo entero entra en resonancia como tea vibrante gracias a la
acción del esqueleto. La estructura ósea en su totalidad participa por el hecho
de que la columna vertebral es el soporte y la sede donde se genera el refuerzo
y la difusión del sonido después que éste se haya producido a nivel de las
cuerdas vocales de la laringe.
Terminamos este estudio de los bucles de control con
un esquema de conjunto que permite deducir la relación <oído-cuerpo> tan
potentemente orquestado por el captor auditivo.
Al término de este largo capítulo, somos conscientes
de haber puesto el acento de manera fuerte, a veces de manera aguda, en los
mecanismos de regulación que son simples. Nuestra insistencia no habrá
encontrado otra razón de ser más que el hecho de llevar al lector a admitir de
una vez por todas que solo se canta con el oído y, lo que es más, con su oído derecho.
Me ha parecido oportuno hacer énfasis en el captor
auditivo del cual no tenemos derecho a ignorar su existencia desde el momento
en que se aborda la dinámica del canto y del lenguaje.
Pensándolo bien, no se ha dicho nada que no se sepa o
que no se sospeche. Pero es bueno que por una vez se haya podido hacer una
síntesis de conjunto.
Los
Bucles AUDIO-CORPORALES
Figura
39: Bucles Audio-Corporales
1.
Nervio Auditivo (VIIIº par)
2. Oído Interno
3. Nervio Maxilo-facial
(VºPar) -
4.
Mandíbula
5. Nervio Facial (VIIº par)
6. Músculos de la cara
7
Nervio gloso-faríngeo (IXº par)
8. Faringe
9. Nervio espinal
10.
Trapecio
11. Nervios cervicales
12. Nuca
13. Plexo branquial
14. Grande y pequeño pectorales
15. Nervios intercostales
16.
Músculos intercostales
17. Nervio periférico
18.
Diafragma
19. Nervios lumbares
20. Músculos lumbares
21. Nervio
sacro
22. Músculos del trasero.
|